lunes, abril 25, 2011

Superbowl I

De acuerdo con lo estipulado en el Decreto Nº 1082 del 22 de Octubre de 1958 la plataforma conceptual de la kinesiología chilena se basa en un modelo de gestión clínica enquistado en el modelo biomédico. A partir de allí la práctica ha sido diseñada bajo un enfoque exclusivamente curativo que subraya la prescripción de técnicas, define límites arbitrarios de atención por episodio de enfermedad, restringe el acceso y lo supedita a la agenda económica más que a necesidades reales de las personas. Salvo lo último, que es inhumanamente vigente, luego de siete décadas de existencia como profesión,- y aún con reformas curriculares mediante -, se sigue enseñando la kinesiología para practicarla según fue definida hace medio siglo.

El arquetipo biomédico abrazado por la kinesiología ha obligado a una práctica clínica basada en maniobras, aplicaciones y procedimientos. Un paradigma que se fundamenta en la protocolización de acciones según patología definida por terceros y poco en la autoridad profesional propia del kinesiólogo. Esto ha significado que la definición del accionar del kinesiólogo se base de manera casi exclusiva en la ejecución de procedimientos arriesgando ser identificados como meros ejecutores de procedimientos y técnicas.

Durante los últimos quince años los kinesiólogos chilenos apostaron el desarrollo en la propuesta académica. Un logro espectacular que con más diplomados, maestrías y doctorados logrados en el país y el extranjero abrieron las puertas a un futuro de posibilidades y diferenciación que sin duda potencia a la profesión. Sin embargo, mucho de ese esfuerzo fue puesto en la especialización y el entrenamiento casi exclusivo de técnicas y conocimientos especiales que fallan en apuntar en el sentido requerido y en otorgar la congruencia para avanzar hacia mejores prácticas profesionales. Al menos es lo que se verifica en el día a día de colegas jóvenes que cargan arrogantes resignaciones. Se aprende un protocolo de tratamiento pero poco acerca de como ofrecerlo, instalarlo, administrarlo y consolidarlo en el medio. La técnica la lleva y desafortunadamente el kinesiólogo desea trascender profesionalmente a través de ella. Esto ha determinado que para otros grupos profesionales la kinesiología siga siendo una profesión basada en la eminencia y no en la evidencia.

De este modo ascendemos, pero por un angosto camino de montaña de doble sentido.

La tendencia educativa de pre y post grado confía en un modelo de educación para la competencia e instala subliminalmente aquellas derivadas de decretos y legislaciones que definen pobremente a la profesión, dictados en la segunda postguerra y que, entre otros, apostaría son desconocidos por el grueso de los diseñadores curriculares en kinesiología. Revisando las variadas innovaciones curriculares pareciera que explícitamente se desea omitir o sacrificar aquellas competencias verdaderamente relevantes para elevar las prácticas profesionales bajo el irrefutable argumento de que no hay tiempo disponible para ellas en las apretadas mallas de estudio.

El cuerpo de conocimientos de la kinesiología, entendida como profesión, se relaciona con atributos conceptuales, prácticos y de identidad colectiva. Estructurada en torno al modelo biomédico tales atributos fueron inicialmente discernidos como un arreglo de la medicina derivado de la urgencia por satisfacer necesidades técnicas relacionadas con la recuperación de las personas, que de paso tomó sus paradigmas, se identificó con una ciencia aplicada y derivó en una artesanía tecnológica.

A fines del siglo diecinueve nuestros tatarabuelos gremiales (tatarabuelas para ser más preciso) hipotecaron la autonomía profesional por el reconocimiento y la honorabilidad que les ofrecía ingresar al mundo del cuidado de la salud organizado. Por supuesto que a cambio de la dependencia de la medicina. [1],[2] En su momento eso fue una buena oferta y la tomaron.

Con el paso del tiempo los intereses cambiaron y salir del estado de patronaje exigió gestiones inteligentes que demostraran la mayoría de edad. Algunos países lo consiguieron iniciando los noventa.

Australia, EEUU y Canadá entre otros que hoy se constituyen como modelos y referentes para un buen contingente de kinesiólogos chilenos demostraron que mejorar las competencias en procesos más allá de las técnicas fue una buena estrategia para alcanzar la autonomía profesional. Esto es, el entrenamiento práctico, brindar confianza y seguridad, una orientación hacia la comunidad, el desarrollo de destrezas personales transferibles, trabajo en equipo, habilidades comunicacionales, la identificación y solución de problemas atingentes a la profesión.

A sesenta y cuatro años de su nacimiento, el presente de la kinesiología chilena nos obliga a plantear una revolución que exorcice el fantasma de la imposibilidad de lograr lo que otros ya alcanzaron: la autonomía profesional. Una insurrección que procure acceder a más poder político y social, conceda mayor capacidad de intervención, alimente con nutritivos argumentos para articular una voz autorizada ante los abusos del sistema, acampe la dignidad profesional, libere complejos profesionales heredados, ayude a influir en la sociedad, a ser más sólidos y creíbles entre las profesiones de la salud y a tener más volumen de decisión.

En 2003 por normativa FONASA dejamos de ser prescritos para ser indicados. Otro logro de proporciones en esta revolución. Entiendo que pocos colegas tienen clara idea de esta distinción y menos la practican. Algunos se quejan de la falta de libertad que otorga el modelo de práctica y desean que por defecto se les otorgue la potestad de la autonomía profesional que entiendo es un anhelo instalado en el alma de todo kinesióloga/o que es autoridad en su área de especialidad. Lo apoyo pero el horno no está para bollos aún.

En conjunto con las otras profesiones “no médicas”, los kinesiólogos hemos trabajado por superar la tradición jerárquica médica de ser el “jamón con queso” del sándwich profesional de la salud. O en términos menos coloquiales, de sostener un inquebrantable, a veces brioso y a veces timorato, estado de superación para dejar atrás la condición existencial de profesional de rango medio subordinado. Estado del ser sutilmente incubado en las aulas universitarias cuando nuestros formadores con vasta experiencia en subordinación,complejo de inferioridad y obediencia nos la traspasaron por osmosis.

¿Como un esclavo le enseña a otro a ser libre? Se necesita algo para que un obediente eduque a su hijo con sentido de libertad. En la universidad es cuando se forja el espíritu profesional, se diseña la matriz interna donde se instalan los ideales para el futuro. Difícilmente un director de escuela o un profesor podrá traspasar anhelos de autonomía profesional si se encuentra bajo la hipnosis del discurso del “no médico”.

Debemos construir un “SI KINESIOLOGO” y desterrar el “kinesiólogo nomás” de nuestras mentes. Sin embargo, primero hemos debido entender nuestra condición de “aguachamiento[4] mental”.

Hasta hace unas pocas semanas atrás creía que las generaciones nuevas se encontraban más avanzadas en este “insight” y mucho más distantes de mis resignaciones de viejo. No era así. Así mismo, por mucho tiempo pensé que la falta de conocimiento acerca del marco conceptual de la kinesiología era la pieza clave en este puzzle, sin embargo, hoy entiendo que además se trata de cual es el estado de ánimo que tienen nuestros formadores y egresados. Me parece que allí debemos intervenir.

Esta es una profesión que se denomina de cinco maneras diferentes según el país que se visite. Es una profesión de predominio femenino que ha crecido y pasado de la atención terciaria a la primaria y que desafortunadamente hoy en Chile se reconoce como una de las profesiones con más baja rentabilidad dado que recupera la inversión del pregrado en el plazo de 15 a 20 años. Cuando en países desarrollados la mayor parte de los kinesiólogos trabajan en el sistema público, en Chile aunque la movilidad y aumento de plazas de trabajo estable ha aumentado la mayoría debe desenvolverse en el área privada. Además, con un incremento de 140% de la matrícula universitaria en los últimos cinco años es imposible pensar en que la oferta sea absorbida por la salud pública.

Podría parecer sencillo profetizar nuestro destino con solo mirar lo que ocurrió en nuestro referentes del norte pero dos variables se imponen que impiden el análisis así de lineal. 1) Haber sido los primogénitos del experimento Friedmaniano de economía neoliberal y 2) El “Chilean Way” que pesa harto a la hora de realizar pronósticos. Es interesante mirar a Argentina y Brasil en sus desarrollos actuales lo que nos puede dar un atisbo de lo que podría ocurrirnos en el mediano plazo.


Con mucho más circuito integrado de ese software de patronaje profesional a cuestas las enfermeras entendieron que debían salir del limbo de la técnica y definirse desde las prácticas y a través del invento de la gestión del cuidado lo hicieron de maravillas. Tuvieron argumentos para posicionarse y competir en el superbowl de la salud. Lo hicieron porque descubrieron cual era su mejor evidencia para competir, posicionarse y dar el golpe a la cátedra en términos de autoridad profesional. Descubrieron la gestión del cuidado como su tema privado y exclusivo y aunque su aplicabilidad actual es tema de discusión no deja de tener un tremendo valor como antecedente de voluntad en el cambio de los paradigmas en las prácticas y relaciones interprofesionales de la salud chilena.

Interesante porque pudieron salir de la técnica y definirse desde las prácticas. Liberaron su mente de la matrix y sus resignaciones. Al menos en el intento gremial han sido consistentes.

Entonces, en el superbowl de la salud se encuentran las enfermeras disputándose el premio principal de la gestión con los médicos. Les miran desafiantes directamente a los ojos ofreciendo la mano para el juego de vencidas. Las matronas en primera fila expectantes elucubrando sobre como quedarán luego de esta experiencia. Y los kinesiólogos, bueno… arriba… , en la galería, echando la talla sin percatarse de lo que ocurre allá abajo.

A otros dejo los secretos de estado, las lisonjas gremiales y lo políticamente correcto que ensalce los meritos y logros de una profesión aún preadolescente que necesita mucho amor para dirigirse hacia donde los visionarios de la kinesiología chilena podrían voltear la cabeza apelando por provocar un cambio y ver más allá de lo aparente y obvio. La visión declarada por el Colegio de Kinesiólogos de Chile requiere lentes ópticos que se ajusten al foco y realidad de aquí a quince o veinte años más en la sociedad chilena y latinoamericana. Veremos. ¿?.



[1] “En Europa, especialmente en el Reino Unido, el año 1894 se creó una organización profesional de Kinesiología con el auspicio y potestad de grupos médicos organizados. Automáticamente se le relacionó e integró al modelo de cuidado de salud – modelo médico. El trato se cerró de la siguiente manera: ”Nosotros los médicos, permitimos e incluso destacamos a todos ustedes, los Kinesiólogos, a efectuar la práctica profesional con tal que justifiquen lo que hacen en nuestros términos”. A partir de entonces la Kinesiología vio privada muchas de sus posibilidades para definir su propia base de conocimientos conduciéndola a moldear su práctica para satisfacer básicamente las necesidades de la profesión médica. Para los ingleses, los fundadores de la primera Sociedad Pública de Kinesiología negociaron la autonomía profesional por la respetabilidad ofrecida por los médicos. Este control era menos evidente cuando recién se creó la sociedad, pero creció cuando la Kinesiología se hizo más organizada, más influyente y más exitosa. Esta disciplina se unió con éxito a la medicina desde la creación de su organización profesional hasta nuestros días. Esto ha significado aceptar el dominio médico, no sólo en la práctica sino también en la teoría; por lo tanto la Kinesiología se ha visto firmemente imbuida en el modelo médico.-El deseo de cambiar ésta situación es evidente, sobre todo por los crecientes reclamos acerca de que la práctica en Kinesiología se basa en algo más que el modelo médico”. Roberts P, Thoretical Models Of Phisiotherapy. Phisiotherapy 361 – 365, 1993.

[2] Thornton, E. (1994) '100 Years Of Physiotherapy Education', Physiotherapy Vol. 80a, Pp.11a-19a.

[3] Bury M;Evidence –Based-Practce –Survival Of The Fittest Physiotherapy 1993,Vol 82,N°2,Pag.75-76.

[4] RAE. Aguachar: (De guacho, cría de animal). 1. tr. Chile. Domesticar un animal. 2. prnl. Chile. Amansarse, aquerenciarse.

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2 Comments:

At domingo, mayo 01, 2011 1:03:00 a.m., Blogger Mister Robinson said...

Dios me ampare para declarar lo siguiente: "kinesiólogo" al servicio de la Persona.

Al servicio del médico, de la enfermera, de la persona con la que me encuentre.

Quiero ser parte de los kinesiólogos que impulsen un nuevo paradigma donde se renueve la educación en la carrera, se renueve la relación en la profesión, y se renueve la relación en la sociedad, persona a persona, donde la fraternidad marque el ritmo, y la Persona, su felicidad y la Verdad estén por sobre los egoísmos.

Gracias profesor por poder publicar lo que ha vivido. Pero yo declaro el inicio de kinesiólogos donde Dios a través de ellos, salven vidas, curen y hagan feliz a quien pase por su lado, un movimiento de los labios que descubran sus dientes capaces de sonreír, un entrenamiento en posición ortostática cuando se lo requiera para escuchar y atender a quien sufre en la camilla y una Esperanza infinita de poder renovar y ser Luz día a día.

Amor constante en Dios.

 
At miércoles, junio 08, 2011 8:09:00 p.m., Blogger SEL said...

Amén

 

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