domingo, junio 21, 2009

Pedidos


Bendito día.
Despìerto temprano y a eso de las 10 de la mañana me encuentro con mi hijo mayor chateando por skype. Espero ansioso el saludo.. y... ¡nada!. Le pregunto que si se acuerda de .... y aparece un emoticón con cara de: "Perdón, ¿hoy es el día del padre?". Pienso: bueno, es que están a 3.000 Kms ... pero eso no aminora la ansiedad. Solo se disculpa por no acordarse y ¡no me dice nada!. Sigo quedando sin saludo.

Tres días atrás, por teléfono, le pedía que recordara saludarme este día solicitándole además me enviara como regalo una foto reciente suya con su hermano. Ese mismo día en la mañana había dado una clase de comunicacion donde hablé a mis alumnos sobre la importancia de hacer pedidos, buenos pedidos. Siete días antes participé de la clase de un amigo donde ese mismo fue el tema central. Por tanto me fue cómodo hacerle ese pedido a mi hijo, es más, me entrené y de paso a el también.

Mi sentir era: ¡Vaya, es que lo necesito!. Necesito el cariño de mis hijos, más que saber que está allí por defecto (el de ellos está casi en el extranjero), necesito que me lo digan. Tal vez sea un atentado a la espontaneidad del momento, pero ¿que mejor que pedirlo?. Al menos es claro lo que quiero.

Volviendo al chateo, le recorde a mi hijo el pedido del día previo y dejamos la conversación escrita(no logramos conexión por audio ni video) para que fuese a cumplirlo. Me quedé feliz en espera de la foto y la llamada telefónica que acordamos le acompañaría para, además, escuchar a su hermano pequeño que aún no sabe escribir.

Casi al momento recibo una llamada de mi padre en Venezuela para saludarme, y por supuesto para recibir su propio homenaje. Le comenté lo que me pasaba con los chicos y nos reimos sobre una similar condición que le acontecía a él y el motivo de su llamada.
Tampoco tuvo miramientos con eso de la espontaneidad del afecto ni con juicios sobre perseguir el cariño de los hijos. Con alguna interferencia en la linea nos despedimos satisfechos y cariñosos.

A eso del mediodía sonó el teléfono y atiendo al padre del hijo de mi mujer que le llama para saludarle.¿?. Nos festejamos mutuamente. Ignoro si estaba en la misma pero me pareció todo demasiado sincrónico como para pensar otra cosa. Debe haber intuído que la hora pasaba y ninguna manifestacion del día del padre se perfilaba en el horizonte. No dudo que asumió la misma determinación que mi padre y yo: pedir. De otra manera puedo asegurar que se habría momificado esperando la motivación de su adolescente retoño para que cumpliese con el anhelado saludo.

En cuanto a mi, todavía espero la foto y el llamado. Si mis hijos celebraron a alguien, ciertamente no fue a mi. Y sobre eso no voy a opinar aquí. Imagino que su madre tendría mejores planes para este día. También recibí un saludo por ¡¡¡mi santo!!(¿?) brindado por el adolescente retoño, quien estaba muy compenetrado en lo que hoy se celebraba.

Ya por la noche intenté contactar a mis peques pero la nieve magallánica jugó en mi contra y no quiso nada conmigo.

Bueno, todos los días se aprende algo nuevo, las emociones me inundan, aunque despotrique contra estos marqueteros e inventados días pensados para el consumo masivo.

Al fin y al cabo pueden ser buenas excusas para aprender a pedir.