viernes, abril 10, 2009

Tradiciones


Los jucios que de primera intención se articulan en el medio nacional con esto de la cantidad sideral de escuelas de kinesiología y el alza en la mano de obra kinésica es que la profesión baja su pelo, desvaloriza sus prestaciones y cae en su valor agregado. Además, surgen clamores populares llamando a nuestras eminencias locales para resolver esta desfortunada pandemia.

Buena reflexión pero, como explicar el posicionamiento social y conocimiento sobre la labor que ha ido en aumento en los últimos años (hasta un personaje de telenovela tenemos), el que la cesantía real de kinesiólogos no haya cumplido las expectatvas que nos hacíamos en 1999 al revisar ese nefasto escenario. Percibo que las mejores escuelas privadas y públicas no se encuentran particularmente insatisfechas con el nivel de contratación de sus egresados.
Claro, no ganan 20 millones al año pero algún día llegarán. Por algo sera que tanto cabro chico quiere ser kinesiólogo.

Quizás la distinción que hay que cambiar en la conversación es la de dejar de pensarnos como mano de obra y comenzar a pensarnos como oferta.

No creo que el valor de la profesión decaiga con mayor numero de profesionales, es más, creo que, si esforzamos el intento, la oferta mejorará como ya está ocurriendo. Cuando se menciona que las prestaciones se devaluarán con más kinesiólogos en el mercado tiene que ver con la mirada clínica tradicional, en un medio saturado que se renueva lentamente y donde no se encuentra el futuro de la kinesiología sino su pasado.

Bajo el convencimiento que ostentan real autoridad se llama insistentemente a las autoridades a hacer algo concreto. Autoridades que en su mayoría fueron votadas para salir de la impasse gremial de no tener mayor convocatoria ni una oferta mejor. No creo que sean los llamados a hacer algo para superar lo que no hay que superar.
Nuestros lideres, si es que existen, no tienen, como grupo, las competencias ni las energías para salir del acojinado "statu quo", limitandose a limpiar la casa, que siempre hay harto que limpiar, y mantenerla ordenada. Además, para las innovadoras y ganosas propuestas jovenes resulta practicamente insuperable escapar de los circulos de influencia de los Escalona, los Aylwin y los Novoa de la Kinesiología Chilena, quedando para ser manipulados en solitarios ministerios instrumentales o quedar sentados en la escalera bajo la categoria de los Allamand, Escobar o Enriquez - Ominami. A los 60 años, ya en algun resort mental y sin ganas, seguirán siendo palmoteados como las jovenes promesas del gremio invitados para recibir un premio por algo.

Entre los jefes de las escuelas, carreras y departamentos de kinesiología no hay acuerdos, existen distancias, miedos, rencillas, hipocresia, egos y todo eso que le lleva el mundo académico por defecto. No es la total inexistencia de confianza, amistad, sinceridad e incluso amor entre las escuelas sino que aún no llegamos al mono 100. Un buen ejemplo es la dinámica seguida por la ACKUCH que demoró un siglo para ponerse de acuerdo, otro más en constituirse y aún no hay producto visible. ¿Tradición académica?


¿Cómo explicar estas dinámicas sino por las tradiciones que nos mueven? El análisis de estas prácticas y relaciones gremiales,académicas, clínicas, personales lleva por caminos cuya señaletica está diseñada con fuertes juicios, valores y estereotipos trapasados en una suerte de curriculum oculto por nuestros fundadores, formadores y pares.
La inflación mental del kinesiólogo se completa con un chip lleno de supuestos, relaciones de poder y acuerdos de como funciona este mundillo, cuyos formateadores definieron un tablero de juego donde otros jugadores no juegan.

A través de un análisis generacional suelo identificar tres formatos de liderazgo relacionados con ciertas tradiciones.

Primero, aquellos enrraizados en los origenes de la profesión en Chile, muy emparentados con las primeras generaciones que levantaron la práctica kinésiológica. Modernos,funcionan bajo los preceptos de la revolución francesa y aunque también tiendan a autogestionar la innovación de sus prácticas, la tradición les pasa la cuenta y a la hora de las definiciones toman las desiciones con el piloto automático y aclanados. Hasta hoy ellos la llevan y representan el buen y justo caudal por donde debe ser conducida la profesión. Tienen a su haber el sólido peso de la historia, algunos nada más que eso.

Otros, generacionalmente distantes, globalizados, más novatos, que hicieron sus tesis con Windows XP, que se encontraron de pronto, sin experiencia y pocas competencias, con un buen proyecto entre manos que, por supuesto, no desaprovecharon. De la misma manera en que partieron los anteriores, aunque en un mundo muy diferente. Ellos empujan sin miramientos con muchas ganas y peligrosas propuestas para el "establishment". Les mueve tanto la tradición de la vocación profesional como la de no estar ni allí en proyectos comunitarios salvo que exista beneficio personal. No son fáciles de "aguachar" y adelantan por la berma. Tienen afanes similares a sus ancestros más antiguos.

Finalmente, quedan los nacidos en la revolución de las flores, con cuotas de poder, supervigilados y control remoteados por los de más arriba. Obsesivamente afanados en lograr reconocimiento se desgastan en demostrar que tienen peso específico, llevando a cabo mega proyectos para ventilar las plumas y mostrar pantalones largos. Indudablemente, como buenos postmodernos, son los más competentes para enfrentar el mundo actual, con espíritu social, gremial pero lamentablemente desencantados y sin tantos afanes políticos como para derrocar el poder fáctico de los modernos ni con las energías necesarias para afinar en la trinchera profesional a los que vienen a sacarles del escenario.
De esa manera,la reproducción cultural de la kinesiología sigue a manos de los abuelos kinesiólogos.

En fín, el sistema tiende a la entropía y en el momento que corresponda llegará a ese punto. En el proceso es donde debemos afinar las prácticas y tomar decisiones más adecuadas. Mientras esperamos es entretenido mirarse a espejo.

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Futuros Profesores

En el anecdotario quedan muchas de las instancias evaluatvas de las prácticas relevantes para la sociedad. Hace un tiempo se midieron los estudiantes de medicina de facultades públicas y privadas, revelándose que las casas de estudio privadas van ganando terreno.
Otra evaluación demostró que a los médicos extranjeros les falta de técnica y conocimientos lo que de respeto y empatía les falta a los chilenos.
Ultimamente, accedimos a los resultados de los estudiantes de pedagogía de 39 universidades chilenas quedando con la sensación que un grueso velo cubre el rostro de los que con caras sonrientes elaboran las conclusiones que escuchamos desde el ministerio del ramo.

Al respecto, una buena luz ilumina las reflexiones de un gran amigo que desde hace un rato se encuentra especialmente ocupado de la educación chilena y de su calidad.
Su análisis es mordaz y certero. Les invito a leerle.

Futuros Profesores en El Batiscafo

sábado, abril 04, 2009

VMNI



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