jueves, septiembre 13, 2007

¿Piensa o parece que piensa? - Remixed Vol. 1

Hace unos años escribía sobre tópicos que sonaban a lenguaje extraterrestre. Actualmente muchos de mis colegas, cuales poseidos, se encuentran hablando en lenguas aún más extrañas. Interesante reponer algunas reflexiones ( anticipaciones en su momento) e ir verificando lo poseso de algunos escritos. Siguiendo la tónica de los tiempos haré un remixed de un artículo publicado en revista Kinesiología No75 de Junio de 2004.
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Con cerca de 10.000 kinesiólogos proyectados para el año 2010 en Chile, la profesión encara el reto de abrir yacimientos de trabajo y espacios de acción generando la inquietante reflexión sobre que es lo que hoy es necesario conocer para ser kinesiólogo; y si ello en el corto plazo será suficiente para mantenerse en el campo laboral.

Son hartos los directivos de las escuelas de Kinesiología que tocados por la inspiración están teniendo una visión común y apostando en la originalidad de ser formadores de líderes creativos, que vayan a sembrar en el terreno fértil de las áreas emergentes de la atención primaria, la ergonomía, la terapia manual, la gestión y la educación de post título en todas sus especialidades.

Pero basta el ejercicio de estudiar las propuestas académicas para percatarse que las mallas curriculares de pre grado de nuestras escuelas - las de post título siguen una idéntica ruta, - son una copia feliz de cómo aprendimos a ser kinesiólogos, más de lo mismo, matices cosméticos con un sello más clínico o social o deportivo o de negocios, pero aún así visiones que revelan un endémico analfabetismo sobre el marco conceptual profesional de la kinesiología. ¿De que otra manera explicar nuestra preocupante confusión de identidad regional latinoamericana?. Y contrario de lo que pudieran argumentar algunos, el sello de garantía actual: "Basado en Competencias" (leer con voz en off del correcaminos) no lo soluciona.

Parto del convencimiento que los que están a cargo de las escuelas mantienen un vínculo afectivo con su profesión y no desean empeñarla, lo cual exige reconocer responsablemente que la oferta académica es medianamente equivalente pero con sustanciales diferencias en cuanto a su implementación y futuro mediato. Algunas experiencias ya tenemos en cuanto a migraciones masivas entre universidades ( me refiero a las privadas) ante escenarios insostenibles y muy dificultosos para sus responsables. Todo ello agravado al verificar un sustrato estudiantil que en muchos casos abruma y deprime tanto a docentes como a directivos. A la larga todos van a ser kinesiólogos.

Hasta ahora acceder a la labor académica ha sido una tarea fácil. Con la oferta de universidades y escuelas en ciernes todos aspiran a ese espacio. Basta una identidad un poquito firme o un campo clínico accesible y ¡Bingo!. Por si fuera poco, estos noveles espacios ofrecen relaciones de trabajo que se adaptan al mercado globalizado tolerando contratos desprotegidos, donde la programación no existe, sin beneficios ni leyes laborales o algo más, "hasta que veamos como va la cosa". Definitivamente ya lo estamos viendo. Como compite una Universidad estatal que paga U$700 por media jornada versus los
U$1500 que paga la privada top por la misma carga horaria. ¡Hola!..., yo también quiero (pero ... snifff).

Sigo preguntando, ¿Como sanciono en el mundo clínico un aprendizaje basado en competencias si este debe ser evaluado en base a sus resultados y generalmente los resultados son perceptibles en términos de cambios temporales de condiciones de salud? ¿De que manera este modelo pretende estimular la empleabilidad si hoy un kinesiólogo que gana el 30% de lo que produce y ve que la educación se encarece, se acorta el periodo de desarrollo de competencias básicas tecnocratizando las disciplinas y se enfrenta a un mercado de profesionales de segundo orden que competirán con el que ya está en el mercado? En el futuro un kinesiólogo B preparado podrá solucionar los mismos problemas que un kinesiólogo A preparado y costará menos. Indudablemente para los administradores no existe diferencia entre alguien que piensa o parece que piensa, si hace bien su trabajo. Y quién sabe, si es el mercado el que regula, podría ocurrir que estos mismos administradores posteriormente descarten a los técnicos o kinesiólogos B ya que podrán conseguir profesionales con capacidades de gestión, investigativas y clínicas más avanzadas al mismo precio.

Si finalmente conciliamos poner la preocupación en las competencias tal como está ocurriendo, el perfil de nuestros egresados exige ser revisado y rediseñado a las competencias esperadas; pero ojo, tendremos que pensar en formar kinesiólogos para 5 o 6 años más, quienes ejercerán la kinesiología por al menos 40 años. Por lo tanto convendrá preguntarse ¿cómo será el mundo del año 2060? Entonces, deberíamos anticipar un futuro,- muchos ya lo han hecho -, concertando el conjunto de aptitudes y habilidades que serán deseables para el kinesiólogo del año 2100 o 2500 , discusión en la que deberían participar las escuelas, el gremio, los kinesiólogos clínicos, científicos, administradores, otros profesionales de la salud, los alumnos, los pacientes y los empleadores. Y digo deberían porque, ya sea por tradición, por autoridad, por falta de convocatoria o por dispersión, nos hemos acostumbrado a la cultura doctrinaria de los hechos consumados en una práctica basada en la urgencia. Entre la reforma a la salud y la curricular universitaria, nos solicitan representar la más compleja sinfonía y con mucha consternación me pregunto si, fuera del espectro de la política, estamos a la altura de acometer tamaña empresa. Veremos cuán competentes serán los encargados de definir nuestras competencias.

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