lunes, julio 03, 2006




Tres casos.
  1. Con buena puntería y un garabato la mujer le arroja, desde la ventanilla, la cola del cigarrillo al cuerpo. El chico la esquiva habilmente y desde la acera le espeta algo relacionado con los genitales de su abuela mientras, con la mano derecha en los propios, la pélvis adelantada y pequeños saltitos, le reproduce ese gesto que popularizó el "Pato Yañez". La joven madre le replica con una quebrada y estridente risa mientras se pierde al interior del microbus para vender sus golosinas. Yo les miro desde la ambulancia. Ella tiene algo más de 20 y el pelusa cerca de seis... solo seis. Recuerdo a mi pequeño de la misma edad y la imagen no me cabe.
  2. Teniendo urgentemente que acudir al baño durante un curso de posttitulo en la Universidad, me encontré con un conocido espectaculo que me dejó meditabundo. Mientras mi función biológica seguía su curso natural, meditaba sobre la certeza acaecida en ese instánte, y esta era que si se reuniese a 100 hombres intelectuales, 100 obreros, 100 parlamentarios, 100 millonarios (que son casi lo mismo que lo anterior), 100 profesionales, 100 altos gerentes y 100 hombres corrientes ¿qué cosa tendrían en común?. Que sin importar su nivel intelectual, social o económico, el 90% de ellos en cada categoría no le apuntaría al WC en el baño de un cine o de un lugar público. Eso ya lo había advertido hace dos décadas cuando ingresé a la universidad y verifique algo similar con lo que sigue a la meada: tirar la cadena del excusado. (y eramos universitarios... de universitas y todo eso).
  3. Tore es noruego y mientras estuvo en Chile se sorprendió con esa capacidad nuestra de entrar por las salidas y de salir por las entradas, de hacer parar las micros en todos lados y de que estas.... pararan. Mayormente, de esa entrenada capacidad para ignorar al otro si no hay un beneficio de por medio.

La discusión sobre la educación fue tema de hace un mes en todos los espacios de vida del país. La consigna de la calidad de la educación se nos metió a los chilenos en los ideales como un viento fresco lo hace por las rendijas de la ventana. Es que los cabros chicos estaban liderando una revolución de las flores desde las semillas. Hasta participé en una jornada de reflexión en mi Universidad. Desde la academia, algunos aseguraban que la reforma era un fracaso, que el SIMCE y la PSU lo decían todo, otros ajusticiaban con que los profesores tenian la culpa y debían reciclarse, desde las altas esferas el análisis de la LOCE dictaminaba que debía eliminarsela o en su defecto cambiar, y más profundamente, la constitución de la República habría que modificar.

Me emocionó que los secundarios no estaban por defender intereses personales ni partidistas, sino que estaban trabajando por los que vienen, teniendo la claridad que ellos mismos ya estaban fregados. Y eso tenía mucho valor. Pero, ¿que entendimos finalmente por calidad en la educación?. En toda esta discusión le asignamos tanta relevancia a la escuela (como bien dicen los catedráticos), el colegio, el instituto, el reformatorio, el internado o el liceo que terminamos por creer que allí ocurría todo lo relacionado con el desarrollo y el crecimiento de las personas. Creimos que ibamos a la escuela para, en un contexto de TLCs, ser más eficientes en este mundo competitivo y global. Creimos que eran necesarios más magísteres y doctorados para que el país creciera. Nos dejaron convencidos que bastaba con buenos puntajes SIMCE, mejores informes TIMSS o aprobar los proyectos PISA.

La escuela es tratada como la antesala del mundo del trabajo en vez de ser el momento donde encontrarse como seres humanos para proyectar en sociedad valores humanos trascendentes. Padres ocupados del ranking colegial para ostentar su correcta decisión para su hijo, con fetichismos para con la PSU desde el prekinder y con profesores que además de no contar con herramientas metodológicas ajustadas a la reforma en curso adolecen de conciencia de si mismos e impecabilidad para estar en el lugar que requiere la más voluntariosa postura de todas. Como dice una amiga, la escuela es el hardware... el software es entregado en la casa (¡metáfora tecnológica!). ¿Donde aprendíste sobre la honradez y la virtud ? ¿ Donde aprendiste que a tu madre podías hacerle un Pato Yañez? ¿ En que espacio se te enseñó sobre el bien común, la solidaridad, el compromiso y el amor?. ¿A quien recordabas cuando debías resolver problemas y tomar decisiones?. ¿A quién viste entrar por la salida y salir por la entrada? ¿ A quién seguiste el ejemplo de la cadena y quien te enseñó a mear? ¿Quién te calibró la realidad? Según el informe Capital Humano en Chile de Brunner y Elacqua la calidad de la educación se evidencia en el hogar.

Una familia con ingreso sobre 100.000 mil pesos (U$190), la escolaridad de los padres, el lenguaje con el cual ocurre la socialización y la manera en que se le enseña a explorar el mundo forman parte de un reducido riesgo de abandono escolar y la promesa de un futuro incierto pero probable. Solo un 8% de los escolares de nuestro país se encuentra en colegios privados y lamentable e injustamente la historia les ha puesto la responsabilidad de resguardo y traspaso cultural y valórico del país a las furçturas generaciones. Y aún en la educación privada los resultados son deficientes si son comparados con estándares internacionales.

Por eso a mis hijos les paso la cuenta, por el privilegio de estar pagándole una cara y mala educación.