sábado, mayo 27, 2006

Ay, Dalai


Tuve el privilegio, junto con otros profesores universitarios, de ser invitado al encuentro que sostuvo SS. Dalai Lama con el mundo académico bajo el título “La importancia de mantener un equilibrio entre el desarrollo intelectual y el cultivo de un buen corazón”. Literalmente debí escapar de un curso que me encontraba dictando para asistir a este evento.
Con dos amigos quedamos sentados en la fila de atrás en una mala ubicación ya que un pilar del salón obstaculizaba parcialmente nuestra visión de SS. A poco andar la conferencia llegaron invitados atrasados que, al no encontrar asiento disponible, se ubicaron en el pasillo junto al pilar terminando de cerrar nuestra visual. Un señor de la fila de adelante cortesmente solicitó a esas personas que se movieran y por respuesta recibió feas muecas y malsanos arqueamientos de cejas. Todos nos miramos. Por un rato solamente nos quedó escuchar la conferencia.

Mi mente divagaba: habíamos llegado a la hora, ellos no, tenían una mejor vista, nos tapaban y para colmo eran desagradables. La temperatura de mi caldera subía lentamente y me disponía a intervenir. Sin embargo, mientras de fondo escuchaba un sermón sobre el amor y las virtudes humanas, mi pepe grillo me recordó donde estaba, para qué y con quien. Entonces recordé aquella escena de esos feligreses que a poco de salir de misa y escuchar la palabra del señor le levantan el dedito a quienes se les cruzan con ocasión de obstaculizar el retiro de sus autos del estacionamiento o, mejor aún, de aquél que luego de meditar golpea a su perro por molestarle durante el proceso de trance.

Pues me levanté y solicité amablemente lo mismo del señor anterior obteniendo no mejor respuesta. Nos sonreimos con perplejidad y dispusimos a atender lo que quedaba de conferencia, logrando a ratos atisbar a SS entre las rendijas corporales que permitían esos poco amorosos invitados.

Creo que me perdí por un rato y mi mente se fue a vagar por otros derroteros. De pronto me parecía que la figura del Dalai superaba a su discurso y de alguna manera me explicaba el que esa gente actuara de tal manera; y que esto podría suponer una desventaja en su misión, ya que allí, frente a mí, el sentido era desplazado por la forma.

Si bien en un inicio su discurso me pareció un tanto obvio y conocido: amor, compasión, honestidad, moral, que no solo el conocimiento o la información es valioso, la implementación de esos valores en el aula y la necesidad de humanizar la educación, en la práctica era también claro que no ocurría y que tenía que venir él a recordárnoslo, ya que cuando lo hacía volvía a tener sentido y lograba ser reflexionado como un valioso discurso. Pero aún así, me parecía que su presencia sobrepasaba su mensaje. Eso último podía alcanzarlo de mejor forma en alguno de sus libros y seguramente me quedaría más claro que aquella letárgica traducción del tibetano a la que obligadamente nos debíamos someter. ¿Y por qué estaba yo allí entonces?.

Recordé algunos paros cardiorespiratorios sin éxito que me había tocado reanimar donde un deudo, generalmente el más cercano o querido, recriminaba hasta la violencia al difunto por morirse y dejarle solo en este plano existencial. A veces, con expresiones extremas de rabia y agitación, obligando a la familia a centrar su atención en ellos y dejando al difunto de actor secundario en su último rol protagónico.

Debo confesar que me sentía algo especial por estar allí, por haber sido invitado a esa experiencia, por hacer algo de historia, por contar que estuve con el Dalai Lama, por ser de la élite academicista de este pueblucho que tuvo esa cueva. En fín, a pesar de no ver nada y de perderme buena parte de la charla en divagaciones varias, estaba feliz y agradecía intimanente a mi amigo Martínez por haberme invitado.

La conferencia terminó. Sin embargo, cuando nos disponíamos a salir, la comitiva de SS comenzó a caminar hacia la salida que, para mi sorpresa, era aquella inmediata a nuestra posición. Si nuestro objetivo hubiese sido lograr contacto directo con el Dalai Lama no podíamos haber estado mejor ubicados. Se acercaba y mi emoción era tremenda. Llegado el momento preciso, de un solo movimiento alargúe mi brazo derecho hacia su figura. Imitaba a otros que también lo hacían. De pronto, toda mi atención se cerró en la sensación de una mano fina, calida y fria, casi delicada, que estrechaba y sacudía brevemente la mía, así como en unos ojos sonrientes que dejaron huella en mi retina para siempre. Su cercanía efectivamente era potente.

Por días me jacté ante mis conocidos por aquella experiencia de haber tocado al Dalai Lama. No solo había ido a una exclusiva conferencia sino que también había logrado hacer contacto físico con este lider espiritual. Casi me sentía como protagonista de un libro de Varela.

Recuerdo haber llegado en los útimos minutos del curso que debía dictar ese día cuando mi colega cerraba la clase final de la jornada. Entré cuando se encontraba enfatizandole a los profesores sobre la práctica de la docencia y sobre la importancia de incorporar los valores humanos en el proceso educativo........ ¡¿?!

Para finalizar puedo contar que si bien mi ego espiritual quedó inflado por un buen rato, hoy en día no sé en que va la importancia de haberle tocado la mano al Dalai Lama. No soy diferente de lo que era ni soy más ni menos especial , no siento que eso me haya hecho mejor persona y..... definitivamente no me iluminé.

viernes, mayo 05, 2006

Hartas repercusiones trajo el post anterior. Siete comentrarios para un blog de kinesiología es algo sobresaliente, aunque la mejor réplica no fue publicada, la de nuestro Presidente.
Recibí carta de David y de Rodrigo, luego supe que conjuntamente con la Corporación de Quiropraxia reaccionaron prontamente ante la amenaza fantasma que hoy se encuentra parcial y temporalmente superada . En el web del CKC publican lo siguiente:
QUIROMASAJISTA: MINSAL DECLINA RECONOCIMIENTO DE LA PROFESIÓN.
Fue una intervención rápida, oportuna y eficaz. El Colegio de Kinesiólogos, representado en su Directorio, en coordinación con sociedades involucradas, como los Kinesiólogos con formación en Quiromasaje, y los Kinesiólogos con formación en Quiropraxia, logró que fuera retirado el polémico decreto del MINSAL, que reconocía la profesión de “Quiromasajista”, con atribuciones, incluso, superiores a las de los propios Kinesiólogos.
Esta insólita propuesta despertó preocupación en el gremio. En la Asamblea Ordinaria realizada el Jueves 20 de Abril fue un tema que surgió y se debatió. La Asamblea mandató al Directorio a tomar cartas en el asunto . Esta es una demostración más de la importancia de tener un gremio fuerte y unido en la defensa de la profesión y de la salud de los pacientes.
Ver: Decreto con fuerza de Ley que reconoce la profesión de Quiromasajista.
Ver. Carta respuesta del MINSAL a observaciones realizadas.

La respuesta del ministerio donde suspenden la aplicación del decreto lo podrán encontrar aquí.

En segunda misiva, esta vez delicada, nuestro presidente apuntó a lo necesario de una aclaración de mi parte, lo cual me comprometí a hacer y aquí está.
Felicito a ambas instituciones por la rapidez en su accionar ya que de ambas participo y me enorgullezco.