martes, abril 26, 2005
Quejas
Estoy fastidiado, casi rabioso, casi agotado. Las quejas me estrangulan. Lamentos, plañidos, gimoteos por padecimientos y dolores solitarios e incomprendidos. Como una piedra de tope, la ultima barrera, adonde llega lo que nada responde. Quejas y condenadas quejas. Malditas, incrédulas. Soberbias a los sonidos y los pulsos. Puntos quisquillosos, inflexibles e intolerantes, como sus dueños, como sus tratantes. Como en un juego de vencidas agotador, con caritas y muecas y quejas. Mi plexo solar acosa, acumula. Mis dientes y muelas se abrazan hasta fusionarse. Respiro profundo, hasta los genitales. Termino con quejas, las mías, las propias, me quejo y qué. Han logrado succionar mi tolerancia, hasta la última trabécula de condescendencia. Me ofrecen el invierno interior, y yo como si nada, voy despreocupado, inexpresivo y desequilibrado, inclusive amenazante. Así es, ten cuidado conmigo. Quéjate una vez más y verás de lo que soy capaz. Te elimino con todos los argumentos de los que dispongo, aún con los más ineficaces. Ya me venciste una vez, .... bueno, dos.
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