viernes, mayo 17, 2013

Empleabilidad y Rentabilidad de la Kinesiología Chilena

Hoy se puede estudiar kinesiología en cerca de 90 sedes de 29 universidades en y dos institutos profesionales. En todo Chile hay algo así como 24.500 estudiantes en sus aulas.
Con excepción de la UBO y la Universidad SEK, que ofrecen régimen vespertino, el régimen de estudio es diurno presencial.
La empleabilidad de los kinesiólogos es la más baja de las profesiones de la salud, condición que se mantiene hasta el quinto año posterior al egreso.
Comparándola con enfermería, cuyas primeras 10 escuelas tienen el 100% de empleabilidad al primer año de egreso y un sueldo de 1.100.000 pesos el quinto año, los kinesiólogos tienen una empleabilidad que promedia el 89% con un sueldo algo superior a los 500 mil pesos el primer año, los 800 mil pesos el tercero y los 950 pesos mil entre el quinto y décimo año.
De las diez profesiones de la salud los kinesiólogos ocupan el noveno puesto en renta durante el primer año y el séptimo lugar al quinto año de profesión. Según estadísticas del último trimestre de 2012, emanadas del Mineduc y del Centro de Estudios Públicos, el primer año de ejercicio de la profesión - con similar ratio de empleabilidad hasta el tercer año -  espera al kinesiólogo con un sueldo similar al de un técnico en administración de empresas,  al de un contador auditor o al de un cientista político. Hasta el segundo año puede optar a un sueldo que se equipara al que recibe un técnico en enfermería, un nutricionista, un filósofo, un técnico en mecánica industrial o un técnico en química industrial.
Sin embargo, el nicho de sueldo progresa a lo largo de los años, distanciándose de los anteriores y llegando a compartir la realidad laboral con el médico veterinario, el ingeniero en acuicultura, el licenciado en química, el sociólogo, el antropólogo, el publicista y el psicólogo.  
La rentabilidad de la kinesiología es catalogada como media. Esto significa que la cantidad de tiempo que le tomará al egresado para recuperar la inversión será entre 3 a 5 años.
El kinesioólogo en Chile puede esperar un sueldo de 8 millones el primer año y de 11 millones para el quinto año de profesión. Esto le permitirá amortizar los cerca de 16 millones de pesos invertidos ( sin intereses) solo en el pregrado durante los 6,5 años que realmente dura la carrera para el promedio de los egresados. Es decir, que según el reajuste proyectado de su sueldo podrá acumular en su vida laboral cerca de 60 millones de pesos.
Sin embargo, la situación puede ser más compleja ya que según el mismo análisis del CEP para el 39% de todos los titulados de la educación superior en Chile la carrera que estudió no será rentable, es decir, que si hubiesen trabajado recién salidos de cuarto medio tendrían mayores ingresos que si hubiesen estudiado, amén de no tener una mochila de deuda por ese concepto.  
Según esto, de los 1400 kinesiólogos que en promedio se deberían titular este año, 546 se dedicarán a otras actividades, cifra que haciendo ciencia ficción equivale a que 18 generaciones completas de kinesiólogos egresados de las cuatro escuelas que impartían la profesión en el país entre los años 1985 y 1989 ( cuando yo estudié)  hubiesen desistido de ejercer la profesión y dedicarse a otra cosa.
Los kinesiólogos poseen una carrera universitaria con honores académicos, docencia e investigación pero con sueldos que son homologables al nivel técnico hasta el quinto año de ejercicio profesional, que es cuando la profesión podría comenzar a ser rentable y permite pensar en invertir en el postgrado. 

Y esa es otra historia.

domingo, abril 07, 2013

Enchulame la Técnica

Durante los ultimos cuatro años los kinesiólogos hemos perdido espacios de  poder y decisión. Una vez más nos encontramos poco fortalecidos en la conversación política enfrentando una competencia laboral extrema y una identidad profesional que aunque se mantiene en un mismo punto de equilibrio es insuficiente.

Como encarnando nuestros propios paradigmas los kinesiologos nos contentamos con ser funcionales y subyace en el estado de ánimo que basta con el afán de trascender profesionalmente a través de la técnica para triunfar.

Huelga nuevamente hacerse las mismas majaderas preguntas de siempre. ¿Estamos donde queremos estar? ¿Nos encontramos posicionados en nuestros espacios de trabajo? ¿tenemos lo que nos hace falta? ¿es suficiente con la técnica kinésica?.

A la distancia y sin mucha profundidad en mi apreciación percibo que conversamos las mismas quejas gremiales, profesionales y disciplinarias de hace 15 años atrás. Tal vez matizadas, menos urgentes pero igualmente dolorosas y punzantes.

Definitivamente estamos mejor posicionados en muchos más espacios y mejor que lo que estábamos antes. Un ejemplo es el selecto grupo de kinesiólogos de intensivos. Ellos han generado autoridad profesional en sus espacios de trabajo, todavía más basada en la eminencia que en la evidencia,  implicando un gran avance para la profesión y la especialización. Afortunadamente han dejado de rotular sus congresos con temas tales como “ el rol del kinesiólogo en…” lo cual a cincuenta y algo de años de desarrollo profesional es un alivio.

En el ambiente privado aún nos pegan en las manos. Aún somos invisibles. Aún estamos a prueba. Me llama profundamente la atención que cuando hay un buen kinesiólogo en turno, médicos y enfermeras se sorprenden gratamente. Aún no existimos en los análisis estadísticos serios, nuestras acciones no son catalogadas como economicamente relevantes y salvo en experiencias exitosas donde la labor de los kinesiólogos ha dejado en claro que la kinesiología y la rehabilitación física la lleva, en muchos espacios no existe tal convencimiento.  Otro ejemplo es MEDS. Instaló una marca, con glamour y buenos resultados clínicos y económicos.
¿Que hicieron estos grupos, entre otros, para llegar donde están y por qué han trascendido de esa manera.?

La respuesta es simple. A mi juicio son dos las variables que permitieron esta realidad: 1) centrarse más en la práctica profesional que en la técnica y 2) disponer de habilidades blandas aportando un discurso paradigmático sólido. En resumen, autoridad profesional asociada a destrezas para demostrarla.

Hace tiempo que no es suficiente solo con la técnica. Las enfermeras lo entendieron muy bien. Y aunque, con muchos más magisteres y doctores en la filas de la kinesiología, que entiendo han discutido al respecto, se sigue en la ruta de la oferta de pregrado y post titulo basado en la técnica.

Todavía no hay una ruta consensuada hacia el desarrollo profesional con un diseño nacional.  Poco le costó a la universidades privadas ingresar al corazón del sistema e instalar su sistema operativo, en especial en el medio gremial que tercerizó la oferta de perfeccionamiento perdiendo influencia y parte importante de un discurso fundamental de la kinesiología. A semejanza de los cultivos transgénicos sobre los nacionales, la sociedad de desarrollo profesional fue reemplazada por la sociedad anónima profesional.

Algunas escuelas se enorgullecen por sacar al mercado kinesiólogos - empresarios neurotizados por realizar ese buen negocio que les asegure la mensualidad que la profesión hoy dificilmente les va a poder entregar.

Apoyo la innovación y el emprendimiento pero interpretar que tal capacidad es el eje del "ser profesional" desmotiva y entristece. Particularmente, al conocer egresados con un sello distintivo que se encuentra desprovisto de vocación, solidaridad, servicio público,  asistencialismo o visión salubrista.
La técnica desprovista de alma conduce al desarrollo técnico, no profesional. Y no es que crea que toda la oferta de perfeccionamiento en kinesiología no se sustenta o debiera ser profunda, solo planteo que la desrregulación del mercado y el individualismo de sus proponentes hoy en día carece de un eje común.

El desarrollo profesional pasó a depender de la economía y no de la academia.
Mientras sigamos bobos con la técnica y no abordemos la práctica de manera global como eje de la formación profesional seguiremos de segundo contacto dependiendo de la buena o mala precepción que tengan nuestros derivadores para validarnos.

Respecto de las competencias blandas, si bien existe cabal comprensión y consenso sobre su importancia para el éxito profesional aún persiste una tradición de recelo y de falta de convicción que impide su inclusión fortalecida en las mallas curriculares. Algunas escuelas incluso van en sentido contrario.  
Habrá que esperar  que nuestros colegas las adquieran con los buenos amigos, con algún “insigth” que las valide en su vida personal o a través de una formación de post titulo fuera del mundo de la salud donde si son mejor cotizadas.