Y esta cultura de la discapacidad es precaria. Es algo que en Chile se aprendió en las últimas tres décadas gracias a la Teletón. Gracias a la misma se le vinculó a la caridad, a la pena, al sufrimiento y a la superación personal y familiar; aprendimos que la discapacidad afecta a la familia y sus extensiones.
Clínica Santa María, Santiago (2010)
Debimos esperar el siglo XXI, en el 2004, para obtener acceso a los resultados del primer estudio nacional sobre discapacidad elaborado por el INE.
Jumbo Portal Ñuñoa (2010)
Los antiguos tullidos, lisiados, especiales, hiperkinéticos, disléxicos, ciegos, minusválidos, sordosmudos, inválidos y discapacitados ya tienen representación en el espacio público. Pido disculpas por lo peyorativo pero mi ironía es bastante menor que la de hospitales y clínicas que todavía hoy lucen sendos espacios reservados para "inválidos" o "minusválidos".
El lenguaje construye mundo. Sabemos que la discapacidad incluye tanto la perdida como la dificultad en alguna función de los sentidos, motora o sensorial, para comprender o comunicar. Hoy sabemos que existen personas ciegas y disminuidas visuales, sordas y disminuidas auditivas (aprendí que no existen los mudos) y en general hablamos de "personas con discapacidad" (PcD). Sabemos que en Chile al año 2004 habían 2.068.072 personas con discapacidad declarada, el 13% de la población, uno de cada ocho chilenos. La mitad de ellas corresponden a deficiencias físicas. El resto corresponden mayoritariamente a las de tipo visuales y viscerales.
Parque Bicentenario, Santiago (2011)
Quinientos mil PcD no ha tenido ninguna atención de Portal la Dehesa (2010)
Aún así la discapacidad sigue siendo "un algo" que está lejos.
Sigue siendo una condición vinculada a la falta de algún miembro y a secuelas de defectos de nacimiento o de alguna enfermedad o trauma. Es una idea que nos hace sentir gentiles cuando podemos ayudar una vez cada dos años al mirar a la distancia el sufrimiento y la fuerza de superación de quienes tienen la desgracia de padecerla. A otros nos mueve la sensibilidad de tenerla en casa o de resolverla.
Si volvemos con atención a las causas de las deficiencias que llevan a discapacidad y reparamos en el hecho que en su contexto no todo es impotencia, limitación o restricción, sino que es bastante factible presentar alguna dificultad, permanente o transitoria, en las actividades cotidianas de manera que sentirse y ser parte de este mundo de la discapacidad es más fácil de lo que hasta ahora pensábamos. Mis capacidades no son la mismas que hace cinco años atrás y si los expertos hablan de que el hecho ver mal aún con lentes ópticos o escuchar mal con aparatos, que si ya no puedo caminar grandes distancias, mantenerme de pie por más de 30 minutos o pararme desde posición sedente, si me cuesta o no puedo mantener una postura exigente, si mi fuerza, capacidad mental, respuesta motora o capacidad amatoria han mermado ya no se trata de la vida misma sino de mis potenciales incapacidades y es factible que de no hacer algo al respecto pase a engrosar las filas de los chilenos en la ruta de la discapacidad.
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