Durante los
ultimos cuatro años los kinesiólogos hemos perdido espacios de poder y decisión. Una vez más nos encontramos
poco fortalecidos en la conversación política enfrentando una competencia
laboral extrema y una identidad profesional que aunque se mantiene en un mismo
punto de equilibrio es insuficiente.
Como
encarnando nuestros propios paradigmas los kinesiologos nos contentamos con ser
funcionales y subyace en el estado de ánimo que basta con el afán de trascender
profesionalmente a través de la técnica para triunfar.
Huelga
nuevamente hacerse las mismas majaderas preguntas de siempre. ¿Estamos donde
queremos estar? ¿Nos encontramos posicionados en nuestros espacios de trabajo?
¿tenemos lo que nos hace falta? ¿es suficiente con la técnica kinésica?.
A la
distancia y sin mucha profundidad en mi apreciación percibo que conversamos las
mismas quejas gremiales, profesionales y disciplinarias de hace 15 años atrás.
Tal vez matizadas, menos urgentes pero igualmente dolorosas y punzantes.
Definitivamente
estamos mejor posicionados en muchos más espacios y mejor que lo que estábamos
antes. Un ejemplo es el selecto grupo de kinesiólogos de intensivos. Ellos han
generado autoridad profesional en sus espacios de trabajo, todavía más basada en la eminencia que en la evidencia, implicando un
gran avance para la profesión y la especialización. Afortunadamente han dejado de rotular sus congresos con temas
tales como “ el rol del kinesiólogo en…” lo cual a cincuenta y algo de años de
desarrollo profesional es un alivio.
En el
ambiente privado aún nos pegan en las manos. Aún somos invisibles. Aún
estamos a prueba. Me llama profundamente la atención que cuando hay un buen
kinesiólogo en turno, médicos y enfermeras se sorprenden gratamente. Aún no
existimos en los análisis estadísticos serios, nuestras acciones no son
catalogadas como economicamente relevantes y salvo en experiencias exitosas donde
la labor de los kinesiólogos ha dejado en claro que la kinesiología y la
rehabilitación física la lleva, en muchos espacios no existe tal
convencimiento. Otro ejemplo es MEDS.
Instaló una marca, con glamour y buenos resultados clínicos y económicos.
¿Que
hicieron estos grupos, entre otros, para llegar donde están y por qué han
trascendido de esa manera.?
La
respuesta es simple. A mi juicio son dos las variables que permitieron esta realidad: 1) centrarse
más en la práctica profesional que en la técnica y 2) disponer de habilidades
blandas aportando un discurso paradigmático sólido. En resumen, autoridad
profesional asociada a destrezas para demostrarla.
Hace
tiempo que no es suficiente solo con la técnica. Las enfermeras lo entendieron
muy bien. Y aunque, con muchos más magisteres y doctores en la filas de la
kinesiología, que entiendo han discutido al respecto, se sigue en la ruta de la
oferta de pregrado y post titulo basado en la técnica.
Todavía
no hay una ruta consensuada hacia el desarrollo profesional con un diseño
nacional. Poco le costó a la
universidades privadas ingresar al corazón del sistema e instalar su sistema operativo, en especial en el medio gremial que tercerizó la oferta de perfeccionamiento perdiendo influencia y parte importante de un discurso fundamental de la kinesiología. A
semejanza de los cultivos transgénicos sobre los nacionales, la sociedad de desarrollo
profesional fue reemplazada por la sociedad anónima profesional.
Algunas
escuelas se enorgullecen por sacar al mercado kinesiólogos - empresarios
neurotizados por realizar ese buen negocio que les asegure la mensualidad que la
profesión hoy dificilmente les va a poder entregar.
Apoyo la
innovación y el emprendimiento pero interpretar que tal capacidad es el eje del
"ser profesional" desmotiva y entristece. Particularmente, al conocer egresados
con un sello distintivo que se encuentra desprovisto de vocación, solidaridad, servicio público,
asistencialismo o visión salubrista.
La
técnica desprovista de alma conduce al desarrollo técnico, no profesional. Y
no es que crea que toda la oferta de perfeccionamiento en kinesiología no se
sustenta o debiera ser profunda, solo planteo que la desrregulación del mercado y el individualismo de
sus proponentes hoy en día carece de un eje común.
El
desarrollo profesional pasó a depender de la economía y no de la academia.
Mientras
sigamos bobos con la técnica y no abordemos la práctica de manera global
como eje de la formación profesional seguiremos de segundo contacto
dependiendo de la buena o mala precepción que tengan nuestros derivadores para
validarnos.
Respecto de las competencias blandas, si bien existe cabal comprensión y consenso sobre su
importancia para el éxito profesional aún persiste una tradición de recelo y de
falta de convicción que impide su inclusión fortalecida en las mallas
curriculares. Algunas escuelas incluso van en sentido contrario.
Habrá que esperar que nuestros colegas las adquieran con los buenos amigos, con algún “insigth” que las valide en su vida personal o a través de una formación de post titulo fuera del mundo de la salud donde si son mejor cotizadas.
Habrá que esperar que nuestros colegas las adquieran con los buenos amigos, con algún “insigth” que las valide en su vida personal o a través de una formación de post titulo fuera del mundo de la salud donde si son mejor cotizadas.

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