martes, marzo 23, 2010

“Sigo aguardando el temblor…..en mi cuerpo…”



En atención prehospitalaria se da la oportunidad de apreciar que en el momento de un accidente, evento traumático o situación extrema se revela el verdadero ser emocional que subyace. Te encuentras con seres sólidos, que profundamente dañados se mantienen como “roca”, ni lloran. Te encuentras con otros, sin tanto daño que mediando un leve estímulo se quiebran como barquillos develando la inestabilidad emocional o el "factor psiquiátrico" escondido. Los hombres se perciben tan inestables y hacen crisis de telenovela con igual frecuencia e intensidad que las mujeres, tal vez más.

Hoy, luego de 25 días estoy recién levantándome. Aunque todo este tiempo pensé que estaba erguido, me percato que me equivocaba.
En algún momento de estos 25 días pensé que estaba sufriendo estrés post traumático y creo que así fue, aunque en mi fuero interno lo negaba. Total mi experiencia con el terremoto se limitó solamente a un susto de 90 segundos 8,8 y a las sesenta y tantas replicas fuertes.

Tal era mi estado que andaba “catando” temblores, puntuándolos y tuiteándolos. Bastante certero mi disparo sismológico por demás. Mi humor se fue al cuerno, mis problemas, los de siempre, los que manejo hábilmente, se profundizaron y trastornaron en rebeldes. El temblor me alejó de mis hijos, me alejó del mundo, me alejó de mi mismo. Me victimicé en 8 grados de rotación.

Di mi lucha y ofrecí resistencia.
Me resistía a fanatizar con los telediarios a los que se les iba la vida ( y las lucas) por mostrar la miseria y el desastre desde todas las perspectivas posibles. Nadie supo manejar la catástrofe mediática que multiplicó la física y emocional.
No comprendía como un gobierno con toda la tecnología, dinero y medios posibles para un país desarrollado no pudo responder a tiempo en absolutamente nada relacionado con estrategias de desastres. Los medios de prensa llegaron primero a todos lados y dictaban la ruta a seguir para las autoridades. Daba la impresión que ellas organizaban la agenda del día leyendo el diario y mirando las noticias de la mañana.
Percibí como el mundo privado se levantaba rápidamente y respondía antes que el público para “estar listo para usted” cuando se disponga a consumir sin saquear.
Claro, la vida debía continuar.

Observar el producto de la inequidad corriendo con un TV de plasma y la consigna tatuada en la frente de que todo lo que importa en esta economía es la adquisición de posesiones me generó angustia y reflexiones morales. En ese proceso, mágicamente, el niño Víctor Díaz de Iloca ( a quién por estos días están drenando mediáticamente) me dio una sutil lección que apuntaló mi espíritu. Gracias Victor.

Personalmente, en 25 días, salvo a mi núcleo familiar, no ayudé a nadie. Aunque creo que hice algo respondiendo a la petición de turnos extras en mi trabajo creyendo que eso aportaba (además de a mi economía, ya que por el terremoto tampoco en marzo tendré sueldo en la universidad). Todo esto mientras mis colegas del SAMU con penosa presunción rivalizaban vía email sobre quien tenía más ganas de ir a ayudar al frente de batalla. En la consulta mis pacientes se mejoraron como nunca. (¿?).

Bien, yo tuve mi crisis personal. No voy a relatar detalles ya que perjudicaría mi identidad pero agradezco a la permanente actitud amorosa de mi mujer (¡vaya aguante!), a una buena amiga quien producto de un trueque de terapias me bendijo con una poción de flores amorosas que me tiene de vuelta, a otra amiga cuya sincronía me condujo a un sanador taller de constelaciones familiares y al reencuentro de un libro de Milton Erickson que hace años no veía. Doy datos.

O´hoponopono

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