DISCURSO INAUGURAL XIII CONGRESO NACIONAL DE KINESIOLOGIA
Antes de comenzar deseo
realizar un simple ejercicio mental.
A aquellos que en la
actualidad tienen sobre los treinta años les voy a solicitar que se remonten a
la edad de siete años. Vayan a sus casas, sus lugares de juegos e intenten
recordar sus anhelos y sus sueños. A los más jóvenes solicito que los entiendan
y, por supuesto, nos acompañen.
Probablemente para aquellos que nacimos antes de los setenta el
advenimiento del siglo 21 nos parezca un poco contrastante. Me refiero a que
tal vez teníamos imaginado otro mundo del que nos ha tocado vivir. No me cabe
duda que, en una ingenuidad propia de hace treinta o cuarenta años, muchos de nosotros ensoñábamos, para esta
época, un planeta muy diferente, tal vez, habitado con seres portentosos provistos
de brillantes vestidos viajando en vehículos hiper veloces que con una
extraordinaria tecnología habrían conquistado el espacio y superado muchos de
los problemas que en aquella época angustiaban al mundo. No teníamos la menor
duda que para esta magna fecha el hombre habría sido capaz de controlar la
pobreza, la vejez, las guerras y no sin algún grado de dificultad, la
estupidez.
Hace tan solo diez años
algunos investigadores, especializados en anticipaciones sociales y
tecnológicas, ya preconizaban cuales
iban a ser las tendencias para la próxima centuria. Una de ellas tenía que ver
con que la kinesiología sería, durante el próximo siglo, una de las disciplinas
que habría de desarrollarse fuertemente gracias a los grandes niveles de
estrés, a altos niveles de violencia y a una importante población de adultos
mayores en los primeros 20 años del siglo 21. Otras tenían que ver con la
gestión ambiental, los microprocesadores, la nanotecnología y la tecnología en
la producción de alimentos.
Aquella solitaria gota de
agua cayendo suavemente de su fuente es la precursora de un gran torrente. El
crecimiento del cuerpo de conocimiento y el avance tecnológico ha sido tan
tremendamente descontrolado, en todos los ámbitos del quehacer humano que
seguramente no sería desacertado sostener que nuestros mejores kinesiólogos de
hace treinta años ignoraban más del setenta por ciento del conocimiento que hoy
se requiere para ser catalogado como tal. Lo cual nos conduce a una pregunta
que bien puede ser la base de este congreso: ¿Somos los kinesiólogos actuales
mejores kinesiólogos?.
Ciertamente deberíamos serlo.
Positivamente hay más empleos para los kinesiólogos, estamos comparativamente
mejor pagados, tenemos acceso a tecnologías de punta, en las universidades es
el tercer puntaje más alto de ingreso, hemos accedido a grados académicos,
tenemos algo que decir,... innegablemente nuestro estatus ha crecido. Sin
embargo, es una de las disciplinas que aún continúa buscando elementos
adecuados para validarse y sostener su utilidad, todavía existe un importante
porcentaje de deserción y confusión en los primeros años del pre grado, todavía
estamos raramente posicionados en la sociedad, con la creencia que debemos
depender del gremio médico para desarrollar y hacer crecer este arte, y lo que
es más abismante aún es que, en nuestro país, es una de las profesiones con
menos requerimientos de horas dentro del sistema de salud en los últimos 30
años. Entonces, ¿cuanto hemos avanzado respecto de nuestros predecesores?.
Queridos colegas , este es un
evento halagüeño y regocijante, que ha sido pensado para que hombres y mujeres
se sientan orgullosos de ser y hacer lo
que les consume el 50 % de sus vidas. Para que aprendamos una visión renovada y
poderosa sobre lo valiosa que es nuestra labor para esta sociedad. Para que nos
convenzamos de una vez que nosotros sanamos y que la medicina mejora a sus
pacientes con nosotros. Para que nos empapemos de que la nuestra es la única
profesión directamente encargada de la funcionalidad del ser humano, con el
privilegio que ello significa. Para que finalmente entendamos que depende de
nosotros que esta profesión desaparezca o se empine.
Es mi deseo que para cuando
hagamos un nuevo ejercicio de proyectarnos a muchos años más, nuestro rostro se
vea sonriente y satisfecho, nuestro bolsillo calmado y generoso y.. nuestro
espíritu centrado.
Los invito a innovar, a
atreverse, a ser independientes, autónomos y libres. Los invito a una
revolución. Intentemos controlar la estupidez.
Quiero terminar citando a
Robert Anton Wilson:
“Cada hecho
descubierto por la ciencia alguna vez fue condenado. Cada invento fue
considerado imposible. Cada descubrimiento fue como un shock nervioso para
algún tipo de ortodoxia. Cada innovación artística fue denunciada como un
fraude o un delirio. Toda la red de la cultura y el progreso, todo lo que en la
Tierra ha sido hecho por el ser humano y no otorgado por la naturaleza, es la
manifestación concreta de que alguien se negó a inclinarse ante la autoridad.
No tendríamos, no sabríamos y no seríamos mucho más que los primeros homínidos
si no hubiese sido por los rebeldes, los intransigentes y los recalcitrantes.”
Sean ustedes muy bienvenidos
al primer evento del tercer milenio.
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