domingo, junio 29, 2008


Hoy a las 09:04 desecarnó la Amelia Mencarini, hija única de Petunia Gonzalez y de Juan Bascuñan, su padre por elección.
Una mujer sencilla y elegante, con una vida interior que conmovió a quienes la conocimos.

Su vida activa la dispensó en ser bailarina de ballet, actriz de radio teatro y, en la intimidad de su familia, tarotista aficionada (recuerdo como me intrigaban las caras de alucinación de las amigas de mi madre luego de una sesión a puertas cerrada con ella). Con todo, Cristo fue su guía.

El más primitivo recuerdo de mi existencia es de su autoría. Mis primeras oraciones también. Los circuitos en coche por 10 de Julio, San Diego e Irarrazabal, las siestas de verano y su olor mezcla de tabaco con channel fue el arrullo en esa mecedora que aún conservo. Más tarde, sin reproché me recibió cuando, en vez de ir al colegio, llegaba a su casa pidiendo asilo. Y estuve condicional por eso.

Culposa y obsesivo compulsiva me trapasó una suerte de rituales para salir y llegar, para tocar madera y sentarme tres veces, para cortarme de uñas y para rezar padrenuestros que me tomó varios años dejar atrás.
Autodidacta y lectora ávida de todo lo que le llegaba a sus manos fue la complice de mis primeros puchos a los quince años y del ritual de la copita de vino al almuerzo que hoy observo.

Sus cuentos sobre Buda, Cristo, evangelios apócrifos y la energía, recortes de periódico, el chachachá, viajes por américa, haber sido medium en sesiones de espiritismo y las historias sobre mi abuelo en la bohemia santiaguina y limeña de los años treinta forjaron el mito para mi niñez y la magia para mi vida actual.

Perdió a su Américo a temprana edad, y así se quedó, ocupada de su hija, de su madre, su padre y luego de sus nietos. De su nieto el menor al final.

Cocinera excelsa, nos dejó un exigente paladar para la cazuela, los granados, el fricasé, el gulash y la tortilla española. ¡Ese caldo de cabeza de pescado que obligaba a tomar!

Sostenía una afinidad política facistoide que nos hizo entrar en más de una discusión sin retorno en mi ingreso a la universidad. Jugamos a atrincherarnos en nuestras posiciones con la ilusión de una diferencia.

En sus setenta nos manipuló con su mala salud de hierro, con sus dolores, sus pies y su accidente vascular. Y siguió con su pucho y con su vino. Y nos seguimos enojando con ella. Y nos siguió manipulando.

Luego, el alzheimer, la incomprensión, el hogar, el abandono, la culpa, el reencuentro, la reconciliación.
Pena mediante, su senilidad nos preparó mejor de lo que pudimos adivinar en esos últimos ocho años. Su vida interior en exclusiva, de tenerle y no tenerle, nos sensibilizó para el momento mágico en que su chispa divina se reencontrara con la fuente.

Amelia,
Las últimas tres semanas fueron duras para tu cuerpito. Las carreras de madrugada, el hospital, los enojos y las demandas por tu cuidado en el hogar.
¿El bien oculto?. Encontramos amigos hermosos que nos impresionaron y nos tienen emocionados hasta hoy.

Ayer te ví por última vez, y como en los últimos días te solicité dejar este plano, liberarte.
Hoy recibí la noticia amortiguada por el amor y me siento consolado. Tu morir ha sido privilegiado. Sensible, bueno y tranquilo, al fin libre de tus culpas. Agradecido.
Cerraste un círculo impecable, un día luego de tu cumpleaños 91.

Te vamos a extrañar.
El universo no será el mismo.
Gracias Amelia...... mil por uno.

Mil por uno a Sandy, Paola, Jerezo, Yerko, Daniel, Cristián, Claudia B. y Leandro.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Conocí a Amelia a través de la alegría de su risa, su afectividad sin memoria y sobre todo por el amor que generó en sus cercanos. Así, conociendola y queriendola, vi ayer como su corazón latía más cansado y en su sueño tranquilo, su luz se apagaba a esta vida.
La esperanza de aprendizaje a que estos momentos me enfenta, del camino de la vida, la muerte y su sobreposición en el tiempo, no logra mitigar el estremecimiento ante la expectativa de mi propio transitar en ellos y tambien el de mis cercanos; con todo, espero que cuando ese momento llegue, encuentre la fortaleza y paz que he visto en ti Sergio y que más allá de la tristeza egoista por la separación, prime el amor.
Sandy

Checoen dijo...

Tks.