Alguien está hablando de algo que parece importante. De hecho, todos muestran semblantes graves. Tu, en cambio, no puedes aguantar las ganas de reír. Y no porque estés particularmente contento, sino porque la situación te hace reír, y porque ya aprendiste a reírte, incluso, de ti mismo.
Hace rato te diste cuenta de que existen distintos modos de mirar el mundo, y que el tuyo siempre parece estar más alejado que los del resto. Tu juegas como sentado en una galería desde donde se observa pasar la vida, mientras otros están en la cancha, haciendo cosas que no tienen aparente sentido, aunque más sanos y transparentes que tu. Admiras a esas personas, que cuando hablan lo hacen sin dobleces, sin distraerse del juego. En cambio no deja de sorprenderte ese maldito estilo que te atrapa y que parece decir “al final, nada tiene importancia; todo es parte de un rol que estamos jugando, de una obra representada en el teatro que es el mundo.”
La primera vez que te hablaron de compromiso te sonó a farándula y a recomendación de revista femenina. Te reíste de los semblantes graves, aunque con el tiempo aprendiste a jugar como si fueses uno más dentro del zoológico. Pero nunca lo fuiste del todo. Aprendiste a ser responsable y a cuidar las relaciones con otros seres humanos. Dejaste atrás la adolescencia con el doloroso despertar a un mundo con reglas diferentes de las que te hablaron en tu juventud:
1. Estás condenado a desaparecer.
2. No eres particularmente “especial”.
3. No eres necesario.
El cinismo era la música que bailabas en la universidad; era tu carta de presentación y tu charm con las mujeres. Pero a tus amigos se les fue pasando y a ti no.
Y es que, en el fondo, tu cinismo es más profundo que el de un adolescente mañoso y tonto.
Tu participas de un secreto terrible, que te acecha detrás de cada recodo del camino, y que te mantiene atrapado lejos del compromiso profundo con tu vida. Pretendes ignorarlo y lo único que consigues es engañarte a ti mismo, hasta que vuelves a caer a los pies de esa trágica verdad que tu sabes que yo conozco y que –tu lo entiendes-, no puedo nombrar.
4 comentarios:
ufff.....da para mucho.....por que es muy profundo...
¿A quien le hablas....?
¿se podrá saber?
¿A mi?...¿a tí?.. ¿a otros?
¿Que importa?
el problema es ese exactamente... que hay mucho a quienes le cabe el poncho
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