lunes, mayo 09, 2005

Una nueva condición existencial

Ejerzo como kinesiólogo hace 17 años y hace nueve meses que recibí mi certificación de quiropráctico.
Enfrento una nueva condición existencial. La de decidir entre, como se me ha planteado, "ser" kinesiólogo "o ser" quiropráctico. Y la dificultad radica en la imposibilidad de ser uno u otro frente a la exigencia de exclusión implícita en la solicitud. ¿Es posible dejar de ser por el trascendente hecho de incorporar nuevas distinciones y funcionar en otro dominio tan similar y a la vez tan distinto?. Más me inquieto, ¿puedo funcionar en ambos dominios?. Claro que sí, arriesgando confundir mi identidad. Claro que no, si la premisa es honrar el compromiso tomado y ser congruente con el futuro trazado. Pero, ser contradictorio es parte de mi descripción actual.

Debo ser claro y declarar que me gusta ser quiropráctico y me gusta ser kinesiólogo. Me ha resultado extremadamente dificultoso, sólo por decreto, traspasar esa frontera y quedarme definitivamente en un sólo territorio. Como que me falta proceso, ya que si bien el producto fue logrado, no resolvió el dilema de manera automática. Hay algo inconcluso en mi formación, en ambas, que definirme por aquello menos inconcluso me resultaría confusamente falto.
Paradoja doble ya que la decisión de enfrentarme a este camino fue efectivamente lo limitado e inconcluso de la kinesiología.
Admito que de manera contundente mi formación como kinesiólogo fue enriquecida con la de quiropráctico. Que la visión de tales paradigmas me permitieron erigir una nueva construcción de la kinesiología, que, establezcamos bien, no es la misma kinesiología que practicamos los kinesiólogos chilenos, y que como podría haberle ocurrido a algunos, puede ser catalogada como una condición existencial de transición. Ahí está mi opción. Exactamente allí y no ha habido un proceso de duelo suficiente, más aún si paralelamente me he dedicado en estos últimos tres años a construir, enseñar y solventar modelos alternativos de kinesiología que pudiesen ser atrayentes a los kinesiólogos para una nueva práctica en los que la frustración, el desaliento y la vergüenza no tengan cabida. Ya muchas horas gastamos en discusiones con esos temas de fondo.
Estos últimos días me he precisado, con un estado de ánimo decadente, un juicio sobre los kinesiólogos chilenos. Un juicio desalentador y resignado, que no conduce a nada y refuerza mi posición transitoria orientándome a definir el territorio en el que, como dice la canción, habré de quemar mis naves.
No obstante, me es inevitable experimentar suficiente resistencia para protestar, con una querella de desaprobación hacia mi mismo, por escabullirme del problema con argumentos de tan visceral profundidad que justifiquen mi discurso.

En ciertas áreas, me juzgo un kinesiólogo experto y como quiropráctico un competente y avezado aprendiz. ¿Donde debo afinar mi identidad?. Me embriaga la quiropraxia por la promesa que significa. Y me apasiona la kinesiología por el desafío propuesto. Si vuelvo a la solicitud del comienzo, vuelvo también a la duda de como mudar la identidad desde un dominio en el cual me identifica una tradición que he colaborado a propagar y definir.
Definitivamente deberé tomar una decisión, pero desafortunadamente en temas de amor, porque de eso se trata esto, tomar esta no pasa por la racionalidad ni por sopesar las consecuencias de tales actos, porque ya con una cristalizada y hermosa relación con la kinesiología establecí una amancia con la quiropraxia que, como es descrita, es una situación compleja y de crisis. Si hay alguien con claridad en esos temas le agradeceré el servicio prestado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

quid est veritas?...quo vadis?...solo tú puedes decidir lo que te confunde...es sólo un decision mas.. ¿necesaria?...como kinesiologos te necesitamos...como quiropractico tambien..
quid est veritas?