
Los divisé por primera vez en Ciudad de México en el `97 y llamaron mi atención. En su mayoría eran jóvenes, casi niños, que se desplazaban raudamente hacia los semáforos en rojo haciendo torres humanas, malabarismos con fuego, saltimbanquis y otras proezas. Dos años después estaban en los cruces principales de Santiago y luego en todo Chile. Mitad por oficio mitad por necesidad o quizás por qué motivo que desconozco. Probablemente usted le haya dado una moneda a más de alguno por haberle cambiado el ánimo durante la tediosa espera de un semáforo que goteaba sus colores.
Quisiera recordar algunos de los estilos que probablemente ha conocido en las calles de su ciudad.
Los primeros son aquellos chicos entre 6 y 12 años que andan imitando a los mayores y jugando a ganarse unos morlacos. Lo hacen mal pero les llega la plata por compasión o por la edad. A la segunda o tercera ni los inflan.
Están aquellos algo mayores que realizan sus malabarismos, generalmente con pelotitas, de una manera bastante avezada. Son muy hábiles pero hacen su rutina sin pasión, como con piloto automático. Además, no están producidos y claramente les falta técnica.
Luego encontramos a los producidos, con naricita de tony, suspensores, monociclo, antorchas, ropa ad - hoc y clavas pro, en esquinas estratégicas. Se nota que han gastado horas practicando en el patio trasero del bellas artes y se lanzan a la calle con rutinas estudiadas que sorprenden. Han cronometrado hasta el detalle dándose el tiempo exacto para el cobro de las primeras cuatro filas de automoviles dispuestos a salir a toda velocidad. Sin embargo, ocurre que al concluir su acto con gracia y se disponen a cobrar ... les cambia el cuerpo. Pareciera que piden limosna. Algunos con rostro resignado o enojado autocumplen la profecía del todo por nada cambiando el ritmo de sus espectadores y estimulando a desistir de su participación monetaria.
Finalmente, están los que estrategicamente consideran el momento del cobro como parte de la rutina, poniendo caritas, estimulando al público y cerrando su acto con verdadera maestría. Son los impecables de este arte callejero. Cambian el ánimo y da gusto retribuir por eso.
Y usted, ¿cual es su estilo?
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