domingo, abril 07, 2013

Enchulame la Técnica

Durante los ultimos cuatro años los kinesiólogos hemos perdido espacios de  poder y decisión. Una vez más nos encontramos poco fortalecidos en la conversación política enfrentando una competencia laboral extrema y una identidad profesional que aunque se mantiene en un mismo punto de equilibrio es insuficiente.

Como encarnando nuestros propios paradigmas los kinesiologos nos contentamos con ser funcionales y subyace en el estado de ánimo que basta con el afán de trascender profesionalmente a través de la técnica para triunfar.

Huelga nuevamente hacerse las mismas majaderas preguntas de siempre. ¿Estamos donde queremos estar? ¿Nos encontramos posicionados en nuestros espacios de trabajo? ¿tenemos lo que nos hace falta? ¿es suficiente con la técnica kinésica?.

A la distancia y sin mucha profundidad en mi apreciación percibo que conversamos las mismas quejas gremiales, profesionales y disciplinarias de hace 15 años atrás. Tal vez matizadas, menos urgentes pero igualmente dolorosas y punzantes.

Definitivamente estamos mejor posicionados en muchos más espacios y mejor que lo que estábamos antes. Un ejemplo es el selecto grupo de kinesiólogos de intensivos. Ellos han generado autoridad profesional en sus espacios de trabajo, todavía más basada en la eminencia que en la evidencia,  implicando un gran avance para la profesión y la especialización. Afortunadamente han dejado de rotular sus congresos con temas tales como “ el rol del kinesiólogo en…” lo cual a cincuenta y algo de años de desarrollo profesional es un alivio.

En el ambiente privado aún nos pegan en las manos. Aún somos invisibles. Aún estamos a prueba. Me llama profundamente la atención que cuando hay un buen kinesiólogo en turno, médicos y enfermeras se sorprenden gratamente. Aún no existimos en los análisis estadísticos serios, nuestras acciones no son catalogadas como economicamente relevantes y salvo en experiencias exitosas donde la labor de los kinesiólogos ha dejado en claro que la kinesiología y la rehabilitación física la lleva, en muchos espacios no existe tal convencimiento.  Otro ejemplo es MEDS. Instaló una marca, con glamour y buenos resultados clínicos y económicos.
¿Que hicieron estos grupos, entre otros, para llegar donde están y por qué han trascendido de esa manera.?

La respuesta es simple. A mi juicio son dos las variables que permitieron esta realidad: 1) centrarse más en la práctica profesional que en la técnica y 2) disponer de habilidades blandas aportando un discurso paradigmático sólido. En resumen, autoridad profesional asociada a destrezas para demostrarla.

Hace tiempo que no es suficiente solo con la técnica. Las enfermeras lo entendieron muy bien. Y aunque, con muchos más magisteres y doctores en la filas de la kinesiología, que entiendo han discutido al respecto, se sigue en la ruta de la oferta de pregrado y post titulo basado en la técnica.

Todavía no hay una ruta consensuada hacia el desarrollo profesional con un diseño nacional.  Poco le costó a la universidades privadas ingresar al corazón del sistema e instalar su sistema operativo, en especial en el medio gremial que tercerizó la oferta de perfeccionamiento perdiendo influencia y parte importante de un discurso fundamental de la kinesiología. A semejanza de los cultivos transgénicos sobre los nacionales, la sociedad de desarrollo profesional fue reemplazada por la sociedad anónima profesional.

Algunas escuelas se enorgullecen por sacar al mercado kinesiólogos - empresarios neurotizados por realizar ese buen negocio que les asegure la mensualidad que la profesión hoy dificilmente les va a poder entregar.

Apoyo la innovación y el emprendimiento pero interpretar que tal capacidad es el eje del "ser profesional" desmotiva y entristece. Particularmente, al conocer egresados con un sello distintivo que se encuentra desprovisto de vocación, solidaridad, servicio público,  asistencialismo o visión salubrista.
La técnica desprovista de alma conduce al desarrollo técnico, no profesional. Y no es que crea que toda la oferta de perfeccionamiento en kinesiología no se sustenta o debiera ser profunda, solo planteo que la desrregulación del mercado y el individualismo de sus proponentes hoy en día carece de un eje común.

El desarrollo profesional pasó a depender de la economía y no de la academia.
Mientras sigamos bobos con la técnica y no abordemos la práctica de manera global como eje de la formación profesional seguiremos de segundo contacto dependiendo de la buena o mala precepción que tengan nuestros derivadores para validarnos.

Respecto de las competencias blandas, si bien existe cabal comprensión y consenso sobre su importancia para el éxito profesional aún persiste una tradición de recelo y de falta de convicción que impide su inclusión fortalecida en las mallas curriculares. Algunas escuelas incluso van en sentido contrario.  
Habrá que esperar  que nuestros colegas las adquieran con los buenos amigos, con algún “insigth” que las valide en su vida personal o a través de una formación de post titulo fuera del mundo de la salud donde si son mejor cotizadas.

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