sábado, mayo 12, 2012

La Enfermera

Probablemente no exista en el mundo laboral otro grupo profesional que se le parezca.
Si existe el juicio de que los profesionales “no médicos” tienen complejos de inferioridad profesional y andan por ahí llorándole reivindicaciones a los padrinos mágicos, las enfermeras definitivamente no entran en esa categoría.
Esta categoría profesional (porque no es un espacio sino una categoría), tan complejo como resguardado, es el de las enfermeras que por búsqueda de nichos laborales y expandir su campo laboral no se quedan atrás y han destacado en ello.

En un Brainstorm elaborado por ellas mismas existe una definición muy clara:

Mujeres, dedicación, algo “cuadradas”. Antes de ser yo una de ellas , eran el gremio de las chicas fáciles y fogosas. Ahora que pertenezco a ellas sí puede ser, pero nunca tanto!. Ordenadas, celosas de su rol, insistentes en registrar las prestaciones. Trabajadoras, estructuradas, trabajólicas. Sexy, mandona, organizadas. Abnegadas, cuidadora de enfermos. Rígidas , perfeccionistas ,metódicas , ordenadas. Mujeres eficientes y atentas, encargadas del cuidado y compañía de los pacientes hospitalizados. Ordenadas, femeninas, obsesivas, complicadas. Mujeres vestidas de blanco con huinchas azules delgadas, buenas para dar ordenes y exigir a los demás, ordenadas. Trabajadoras, suficientes, pedantes. Durante mucho tiempo fue la enfermera gorda, grande con cara de bruja con la jeringa en la mano, pero en los tiempos actuales estas características estereotípicas gracias a la publicidad se han ido modificando por la típica enfermera vestidito corto, más sensual y atractiva. Según mi punto de vista las características estereotípicas mas importantes es que son consideradas mandonas, obsesivas  y que manejan todas las situaciones como una dueña de casa. Gritonas, dueña de casa. Pesadas, autoexigentes, solicitadas.


En su sensibilidad histórica  el estereotipo de la enfermera evoluciona desde el mito de Florence Nightingale quien a partir de conflictos bélicos pasando por la monjas de la primera guerra mundial y la gruesa nurse germana que más que cuidadora se revelaba como salida de un ring de lucha libre, fueron formadas para ser los ángeles guardianes. Debían estar bien presentadas para brindar un momento de amorosa presencia a quienes sufrían. Se enamoraban de los soldados y/o de los médicos en la guerra y viceversa. 

Durante su formación les enseñaban que debían escoger entre la argolla o la toca por tanto las que continuaban en pie, aquellas que no eran monjas, morían siendo enfermeras. Esto no es una profesión sino un apostolado. 

Para algunas abuelas de la profesión, las enfermeras debían buscar como objetivo casarse con médicos y las estudiantes, idealmente con aquel que estuviera haciendo su beca. Si  eso no era posible y las hormonas se adelantaban y el sujeto aún estudiaba, debía al menos ser estudiante de tercer año de medicina. Por un asunto de egreso, cuando ella egresara y se casaran el debía estar recibido y ojala iniciando su beca. Buena educación.

Para estas mismas veteranas la presencia de un hombre en la profesión no solo era considerado como algo extraño sino inapropiado. En su realidad las relaciones afectivas entre pares no debía exisitir, incluso podía ser catalogado un incesto profesional. Señorita, no se case con uno de su misma profesión. Supérese. Vale para todas.

En el Chile del siglo XX la enfermería era vista como “la profesión” para la mujer antes del matrimonio. En especial, como la profesión de las “señoritas bien”, las de clase alta acomodada y educada que podían estudiar y tenían pocas opciones y la mejor socialmente aceptada era enfermería. La medicina estaba reservada para los varones.

Quienes podían estudiar enfermería lo hacían en régimen de internado (de allí proviene el nombre del actual periodo de pasantías clínicas que estudian las carreras de la salud). Les revisaban hasta los calzones, si estaban bien puestos, si usaban las medias correctas, el largo correcto, el almidonado correcto, etc. La obsesión por la pulcritud y el decoro.  La decencia ante todo.

Hoy son las “jefas”. Y con frecuencia hasta los pacientes las tratan de tales. En especial los crónicos que ya conocen su mundo por dentro. Están los médicos y las jefas.

Entre ellas existen distinciones. Una enfermera pediátrica no tiene ninguna relación con otra de intensivo adulto. Si bien en general son muy competitivas hay espacios que son invivibles.  Sin duda las más difíciles son aquellas que laboran en intensivos cardiológicos adulto o UPCs.

En el ambiente clínico le pueden facilitar la vida y conducirle al paraíso en la tierra o llevarle directamente al extremo opuesto y abandonarle allí según sepa usted entender con quien está tratando. En el ambiente administrativo son tan feroces como eficientes. Los becados de medicina  a veces no saben esto y sufren las consecuencias. Los médicos novatos también. Es tanto el fanatismo que para algunas (os) esto es una raza.

Paradigma : Gestión del Cuidado. “Si existe Dios, están a su derecha”
Las enfermeras con  la gestión del cuidado dictado en el articulo 113 del código sanitario se reinventaron ( 16 diciembre 1997). Esto fue gestionado a fines de los noventa y recién a mediados de la primera década del siglo XXI vinieron a entenderlo. Los médicos pararon las antenas y se espantaron con la movida e interpusieron recursos por  ejercicio ilegal de la profesión de médico.

Hoy en día la enfermera está en la arena del superbowl de la salud y se encuentra jugando en primera división. Destacable y meritorio.

En mi reflexión privada estimo que la salud en su contexto general depende de como la enfermera se encuentra realizando su labor. La realidad nacional es un ejemplo. Por ello debe existir una reflexión muy profunda de sus prácticas. Chile depende de ello.

Un saludo en su aniversario 100.

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